Todo el mundo conoce la historia del nudo gordiano, ese que Alejandro Magno cortó con su espada en el año 333 antes de Cristo para quitarse del medio lo que debió de parecerle un problema menor. Lo que no todo el mundo sabe es que Gordias era un campesino al que nombraron rey porque pasaba por allí en su carreta justo cuando el oráculo de Sabazios anunciaba que sería rey el primero que pasase por ahí en una carreta. Es difícil imaginar un sistema más absurdo…

— Y más moderno.
— No interrumpas.

En aquellos tiempos, no tan lejanos como nuestras cortas vidas nos hacen creer, no era raro que un paisano acabase siendo el rey porque, entre otras cosas, ser rey no era ninguna bicoca.

El caso es que el nudo gordiano era eso, un nudo (no una metáfora) con el que Gordias había cerrado la puerta del granero que guardaba su carreta. Abrirla era, por tanto, devolverle a su pasado, a su condición de rústico súbdito y, en consecuencia, dejar el puesto de gobernante libre de las arbitrariedades del oráculo y sometido a la ley del más fuerte. Claro que Alejandro podía haber deshecho el nudo con un poco de paciencia y algo de ingenio, pero había sido educado por Aristóteles, no por Krause. Su fortaleza era más física que paciente.

Quizás la Historia no hubiese cambiado gran cosa si Alejandro se hubiese dado la vuelta incapaz de desenmarañar la cuerda de Gordias o si hubiese resuelto el asunto sin romper las reglas, pero su acto, otro, legitimó el derecho del autoritarismo a la irracionalidad. A partir del año 333 antes de Cristo los padres empezaron a decirle a sus hijos:

— Porque lo digo yo.

Los gobernantes, por su parte, al fin y al cabo padres de la tribu, asumieron que si se podía cortar un nudo se podía cortar una garganta como exhibición de ingenio. Y desde allí hasta hoy no ha habido un día en el que algún capullo no se refocilase cortando algún nudo gordiano y recibiendo, por ello, la ovación del común. En España, sin ir más lejos, somos muy de cortar nudos en vez de deshacerlos. Vean ustedes, si no, a don Pablo Casado solventando los líos del Tribunal Subprime cortando por lo sano, es decir: eliminando el impuesto, la causa.

No es una afición que podamos adjudicar a nuestra forma de ser, no está en los genes del género humano “romper la baraja” o “tirar por la calle del medio”, está en su cultura, la cultura, eso que en el año 333 antes de la era común comenzó a separarse del humanismo en virtud de una gracia de niño malcriado. Le duele a servidor afirmarlo, pero el gesto de Alejandro, como el de ese berciano que da un puñetazo en la mesa de un bar o el de ese presidente de América de Arriba que amenaza con enviar al ejército a recibir a los pobres es lo que el palo a la bandera.

Que los políticos catalanes sigan encarcelados es cortar el nudo gordiano.

Interpretar el gesto de cortar el nudo gordiano como una legitimación de la violencia frente a la retórica del poder es cortar un nudo gordiano.

Que Internet haya dejado de ser la privatización de lo público para convertirse en la publicación de lo privado es cortar un nudo gordiano.

Que el PP quiera parar un presupuesto porque sube el salario mínimo a 900 euros es cortar un nudo gordiano.

Atropellar a un ciclista y darse a la fuga es cortar un nudo gordiano.

Decir “eso no toca” es cortar un nudo gordiano.

Organizar unas primarias en un territorio abandonado porque hay elecciones es cortar un nudo gordiano.

Cortar el nudo gordiano es aprovechar la fuerza para eludir la razón.

Acusar a Bierzo Aire Limpio de desacreditar al Bierzo es cortar un nudo gordiano.

Citar al Bierzo en cada reivindicación humanista, ecuménica, racional, es cortar un nudo gordiano.

Cortar el nudo gordiano es hacer pasar la estrategia por necesidad.

La bandera es solo una forma de disimular el palo.

Tendremos elecciones muy pronto. Municipales, y a lo mejor de las otras. Veremos a los políticos cortar el nudo gordiano para mostrar su valía, no los veremos cavilar soluciones. Harán valer poderes de los que estrepitosamente carecen. Veremos, por ejemplo, a Podemos convocar en el Bierzo unas primarias propias a pesar de carecer de estructura comarcal que lo justifique y a Vox repitiendo que ser español es mear agua bendita, veremos a Coalición por el Bierzo reivindicar la cursilería y al PP prometernos que el carbón es la panacea, y que rezar nos hace más españoles.

Las fórmulas no son las formulaciones, los móviles no son motivos. Pero veremos a un montón de gente empecinada en gobernarnos empecinada en convencernos y no en representarnos. Veremos a un montón de gente urdiendo y rumiando y volviendo a urdir y a rumiar sin preguntarnos por la verdad (como si la verdad no fuese nuestra amiga, sino su criado), sin acercarse a nuestros problemas verdaderos más allá de lo que el filo de una espada se acerca a un nudo complejo. Nos quieren hacer creer que descendemos de Alejandro, pero desdendemos de Gordias. Hagan preguntas difíciles, anuden nudos resistentes a fórmulas y móviles, defiendan su carreta y sus aperos, que no son un asunto menor, con uñas y dientes.

REFERENCIAS: , ,
COMPARTIR: